Mujeres y Relatos de Guerra

Monica Giesemann

Una de las conclusiones de Simone de Beauvoir fue el hecho histórico de la sumisión femenina. Percibió que la evolución de la humanidad desde la prehistoria hasta el presente había estado conducida por la constante sujeción de la mujer al hombre y que el modelo social imperante había sido el patriarcado. En esta organización social se plasman las desiguales relaciones de poder entre mujeres y hombres.[1]

La influencia de las autoridades eclesiásticas católicas, falacias científicas, las aportaciones de la psicología, junto al análisis de los mitos presentes en la literatura, son unos de los responsables de propiciar la posición inferior de la mujer en la sociedad respecto al hombre. Este poder masculino ha hecho lo posible para mantener un orden social inalterable, que nunca había puesto en cuestión los privilegios de los hombres.[2]

La incógnita es cómo puede explicarse la estabilidad y universalidad del sistema patriarcal, aun sabiendo que está basado en mitos infundados. Desde la sociedad griega, grandes filósofos como Platón en su obra República, a pesar de que reconoce que la mujer y el hombre tienen la misma naturaleza, manifiesta que la de ella es más débil. En cuanto al filósofo Aristóteles, plasmaría en su obra Reproducción de los animales, que la mujer es materia y el hombre es espíritu. [3]

La mayoría de las creencias religiosas están basadas en una estructura patriarcal, regresando a los griegos, esta sumisión y diversificación de las actividades, sometiendo a las mujeres los deberes del hogar, se inculcó a los más jóvenes con relatos sobre los Dioses del Olimpo, el mismo Zeus maltrataba a su esposa Hera, la reina del Olimpo,[4]   “Mas siéntate en silencio y acata mi palabra, no sea que ni todos los dioses del Olimpo puedan socorrerte cuando yo me acerque y te ponga encima mis inaferrables manos”.[5] La violencia se convirtió en un instrumento de sumisión bastante importante.

En el Antiguo Oriente, en la Mesopotamia de los milenios III y IV a. d. C fue la última sociedad que demostró como en los mitos, se ven identificados a los dioses como luz y el orden imponiéndose a la diosa de la obscuridad y desorden. Con estos relatos, historias y mitos se intentaba legitimar el sistema social regida por la supremacía del varón en Estado y la familia, al igual que el control de los medios de producción o la aparición de la división social de trabajo.[6]

En la historia del arte de las civilizaciones romanas y griegas, se plasmaba la violencia ejercida contra la mujer tanto en la cerámica, pintura y escultura, se han dejado evidencias de esta desigualdad, recordando que estas civilizaciones plasmaban acontecimientos de la vida cotidiana por medio del arte. Todos estos mitos alimentan las creencias y se pierde la perspectiva objetiva, de que esta inferioridad femenina es real.[7]

El poder que han tenido estos discursos biológicos o literarios, ayudan a comprender como han sido marginadas las mujeres, en las que mezclan a las “mujeres” con lo femenino y esta grave confusión se radica en la insignificancia histórica a lo largo de la elaboración de la historia universal, para determinar su inferioridad en la sociedad.[8]

La ausencia de mujeres en los relatos de la historia tradicional provocó indignación para algunas historiadoras, en los años sesenta renació con fuerza el movimiento feminista y por ende muchas estas historiadoras buscaron reconstruir el pasado con la mujer como sujeto y agente histórico.[9] La relación que tiene la insignificancia de la mujer en los relatos de la historia universal y el posicionarla por debajo del hombre, son los relatos de guerras.

Lo que legitima la estructura social patriarcal, es la identificación de la guerra como actividad masculina, porque implica valorar desigual las actividades de los hombres y mujeres. Mientras que la mujer se quedaba en casa, el hombre salía y lograba grandes hazañas, aquí se empezaron a constituir los roles de género en las antiguas sociedades.[10]

“La peor maldición que pesa sobre la mujer es estar excluida de estas expediciones guerreras, si el hombre se eleva por encima del animal, no es dando la vida, sino arriesgándola; por esta razón, en la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra, sino el que mata”[11]

El hombre que regresaba a su pueblo como guerrero era alabado por las personas, era importante. Las mujeres tenían “el papel mediocre” de quedarse en casa y cuidar a los hijos, cuando llegaba el guerrero, la mujer tenía que atenderlo, era un héroe. Caemos en escalonar al hombre a un nivel superior por lo mismo, cuando se excluye a la mujer de la historia, como en los relatos de guerras, revoluciones, son pocas las figuras femeninas conocidas en comparación de los hombres, a las que podamos recordar por sus luchas y grandes victorias.

El historiador Yuval Noah Harari concluyó en varias teorías sobre como el patriarcado ha dominado a la humanidad, una de ellas es la propensión a la violencia que está relacionada con el rol del hombre en la guerra. Esta teoría sostiene que los hombres han evolucionado de manera más violenta que las mujeres, por eso predomina la violencia física y bruta en los hombres debido al papel que tenía que desempeñar como soldado o guerrero.[12]

La segunda teoría que va de la mano es la potencia muscular, el hombre ocupo las tareas más duras y en consecuencia sometió a las mujeres al controlar la producción. La primer y segunda teoría tiene sus objeciones, pero tanto el Historiador Yuval como la pensadora Simone llegan a la conclusión de que la guerra es un elemento fundamental que ayudó a forjar una sociedad de estructura y sistema patriarcal. [13]

De todo esto viene la trampa de la maternidad, que, por la función biológica de la mujer, tiende a utilizar para definir y legitimar su papel; la procreación y el cuidado de los niños. Esto se vuelve causa de sumisión y “legitima” su papel subordinado en la sociedad a lo largo de la historia.[14]

Causas del destino y la naturaleza, se pensaba que esa era la vocación natural de las mujeres, sin darle alternativa alguna y esto respaldado por discursos científicos que hicieron creer que las mujeres solo alcanzarían la plenitud al momento de dar a luz. Este papel maternal justificó su reclusión en los espacios domésticos.

Se produce un acuerdo entre la ciencia e iglesia católica, en el momento en que la primera defiende el tradicional tipo de mujer que tiene la iglesia. Ambas coinciden en las construcciones de lo femenino que refuerzan el papel sumisión de las mujeres.  El título de madre ante los ojos de la sociedad se vinculaba con ciertos rasgos de carácter como la debilidad, la timidez o la abnegación, era lo propio de la naturaleza femenina[15]

“Las conductas se aprendían y eran fruto de la educación; por consiguiente, ser mujer era un hecho cultural, al igual que ocurre con la masculinidad o ser varón”[16]. Al momento de educar a los niños, se reprime su humanidad, cuando les imponemos esta masculinidad estrecha, se convierte en una jaula pequeña y dura. Se les enseña a los varones que deben tener miedo a su lado sensible, a la vulnerabilidad y a la debilidad, a que deben de ocultar sus sentimientos y su lado suave y al hacerlos “duros” debilitan su ego. A las niñas se les enseña que deben estar al servicio de esos frágiles egos masculinos.[17]

Lo femenino nace de las construcciones culturales, diría Simone B con su frase más emblemática, “No se nace mujer: se llega a serlo”.[18] El ser mujer nada tiene que ver con la biología o ciencia, “sino con una construcción cultural y social sobre el sexo, que afecta por igual a lo femenino y a lo masculino solo dos sexos y solo dos géneros”.[19]

La escritora Chimamanda Ngozi Adichie manifiesta que el sentido de la cultura es asegurar la preservación y la continuidad de un pueblo, sin embargo, la sociedad usa de pretexto del arraigo cultural cuando hablamos de los roles de género y de la violencia contra la mujer. La cultura no hace a la gente, sino, la gente hace a la cultura, no es estática, va cambiando junto con nuestra evolución social.[20]

El género es una construcción influenciada por los usos y la cultura, por lo tanto, las mujeres como los hombres pueden decidir cuál de ellos les interesa, teniendo en cuenta que puede haber más de dos.[21] Esta construcción social histórica asigna roles a las mujeres y hombres, independientemente de sus capacidades individuales y se asumen como algo normal y real, dicta comportamientos esperados. El género se ha vuelto en que es lo que se espera de una mujer y de un hombre, que es lo que deben ser, sufrimos la carga de expectativas de género. El género debe ser que nos reconozcan como somos realmente.[22]

Para combatir estos estereotipos de roles de género, han existido diferentes movimientos y luchas de clases feminista, los cuales buscan igualdad de género, eliminando los roles de género, pero sin tener fines legítimos, ya que los resultados no eran coherentes con el principio de igualdad.

Un buen ejemplo fue el feminismo radicado en los Estados Unidos de América en la época que estaba latente la discriminación contra los afroamericanos y los años sesenta. Existían círculos blancos del recién formado movimiento de liberación de mujeres, dentro de este movimiento existía una división de clases. Las mujeres blancas tienen un estatus muy distinto al de las mujeres pobres y de color.

Este movimiento de liberación de mujeres exigía igualdad de derechos dentro de la estructura de clases y los modelos revolucionarios impugnaban cambios fundamentales en la estructura existente para que los modelos de igualdad remplazaran a los viejos paradigmas. Pero mientras este movimiento avanzaba, solamente las mujeres blancas con estudios superiores, que pertenecían a grupos privilegiados empezaron a tener el mismo acceso al poder de los hombres blancos.

Este grupo de mujeres de clase alta pensaba que las cuestiones más relevantes para las mujeres era la falta de satisfacción por estar encerradas y subordinadas en sus hogares como amas de casa. La misma resistencia de sus esposos y familia de trabajar fuera del hogar; a eso se convirtió en discriminación de género.

Pero la realidad iba más allá, este solo era un pequeño número de mujeres, porque la mayoría que pertenecían a la clase baja o raza negra ya formaba parte de la mano de obra del país. Esta situación nos da otro paradigma, situaciones de desventaja diferentes, debido a que estas mujeres trabajaban largas jornadas por salarios escasos además de tener el trabajo en sus hogares.

Las mujeres de la clase alta buscaban tener igualdad de oportunidades y retribuciones que el hombre blanco de clase alta, mas no las mismas oportunidades que el hombre de clase baja, o de raza negra.[23] Estos movimientos crearon un impacto positivo en el entorno laboral sobre la reducción de la discriminación de género, aumentar la remuneración de las mujeres y el acoso en el trabajo.

Pero a pesar de estos impactos positivos, el movimiento no velaba por una igualdad de hombres y mujeres de todas las clases sociales. Al contrario, pocas que pertenecían a estos movimientos dejaron claro que una sororidad política entre mujeres unidas para luchar contra el patriarcado no sería posible hasta que no se abordara la cuestión de la clase.[24] Este tipo movimiento, feminismo reformista blanco, aumento el poder del patriarcado supremacista blanco y socavó la política radical del feminismo.

Mary Barfoot manifestó que,

“El movimiento de las mujeres nunca abandonó del todo a papá-patriarcado. No hubo guerra; y no hubo liberación. Conseguimos una parte de los beneficios del genocidio y nos encanta. Somos hermanas del patriarcado y verdaderas seguidoras de la opresión nacional y de clase”.[25]

Esto es un reflejo del racismo imperialista y sexismo de los grupos dominantes de hombres occidentales, las mujeres blancas se posicionaron como las líderes de este movimiento feminista, dejando a las demás del tercer mundo o de clase baja como simplemente seguidoras.[26] Movimiento barnizado de cuestiones de desigualdad, existiendo problemáticas más fuertes pero que solo atañen a mujeres del tercer mundo como la “ablación forzada del clítoris, los clubes sexuales en Tailandia, el velo impuesto a mujeres en África, la India, Oriente Medio y Europa o el asesinato de niñas en China”[27], entre muchas más.

 No podemos decir que este especifico movimiento feminista sea uno que afronta las preocupaciones de todas las mujeres. La meta del feminismo debe ser global, unir luchas para acabar con el sexismo, la explotación sexista y la opresión.[28]


[1] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir y la historia de las mujeres. Notas sobre El Segundo Sexo. España. Grupo Deméter; Historia, Mujeres y Género Universidad de Oviedo, 2009, p. 6. Disponible en: https://www.researchgate.net/publication/277792344_Simone_de_Beauvoir_y_la_historia_de_las_mujeres_Notas_sobre_El_Segundo_Sexo

[2] Ibidem, p.5

[3] GALLARDO PAÚLS, Elena. ¿DIOSES GRIEGOS MACHISTAS? Francia. Open Editions Books, 2019.  Disponible en: https://vellocinodeoro.hypotheses.org/1691  

[4] Ídem

[5] Ídem

[6] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 7

[7] GALLARDO PAÚLS, Elena. ¿DIOSES GRIEGOS…, óp. Cit.

[8] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 6

[9] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, ídem, óp. Cit.

[10] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, ibidem, óp. Cit., p. 7

[11] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, ídem, óp. Cit.

[12] “No pregunten a Darwin: tres teorías sobre el origen del machismo”. DE QUEROL, Ricardo. El País. México. 12 de marzo 2015, redacción digital. [Fecha de consulta: 30 de abril 2021].

Disponible en: https://elpais.com/elpais/2015/03/13/mujeres/1426223100_142622.html

[13]  Ídem

[14] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 7

[15] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 7

[16] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, ídem, óp. Cit.

[17] NGOZI ADICHIE, Chimamanda. Todos deberíamos ser feministas. Literature Random House, 2018, p. 15

[18] DE BEAUVOIR, Simone. El segundo sexo. Paris. Galimard. 1949, p. 87.

[19] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 8

[20] NGOZI ADICHIE, Chimamanda. Todos deberíamos…, óp. Cit., p.24

[21] CID LÓPEZ, Rosa María. Simone de Beauvoir…, óp. Cit., p. 8

[22] NGOZI ADICHIE, Chimamanda. Todos deberíamos…, óp. Cit., p.19

[23] HOOKS, Bell. El feminismo es para todo el mundo. Madrid. Traficantes de sueños, Mapas, 2017, p. 60

[24] Ibidem, p. 62

[25] Ibidem, p. 65

[26] Ibidem, p. 70

[27] Ibidem, p. 71

[28] Ídem

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