El otro diez de mayo, llanto sin consuelo, espera sin fecha, búsqueda donde no muere la fe

Politóloga

Colaboradora en @imagentvmex

Tw: @Aleefariasf

IG: @aleefariasf

Suena el despertador y el diez de mayo muchas mujeres desean levantarse, salir de casa y escuchar de alguna voz, la noticia de haber encontrado alguna pista que las conduzca al paradero de sus hijos desaparecidos, el corazón sufre por la ausencia de su ser más querido, su búsqueda incesante está a punto de claudicar, pero la esperanza sigue firme, porque la idea del reencuentro es posible mínimamente, pero posible al fin, es el sueño que da remedio a una vida rota que reza y se ocupa en cada momento, a atar hilos y cabos con precisión y detalle para a través de todos los medios, encontrar a quien es carne de su carne, sangre de su sangre y razón de su vida, para no volver a llorar jamás.

Hace cinco meses que, a Doña Agustina, le notificaron de un predio lejano donde se encontraron cuatro cuerpos ya en estado de putrefacción, las autoridades realizaron los estudios correspondientes y días posteriores al hallazgo, le informaron que en las pruebas de ADN realizadas, no se encontró a la persona que ha buscado desde hace 3 años y 7 meses; Agustina soltó en llanto por la tragedia, por el dolor y duelo de sus familias y su pulso se agitó aceleradamente, porque noches antes de recibir la noticia de las pruebas de ADN, pesadillas y escalofríos invadieron todo su ser, sólo de pensar que a su amada Nora, podían entregarle como cadáver y ni pronta sepultura podría tener, el hecho es que no ha habido respuesta concisa, pista, ni rastro, que la acerquen un poquito a su hija, lo único cierto es la desaparición.

El día de las madres incluye un lado oscuro, una arista de sufrimiento, llanto y dolor en el que no hay nada que celebrar, puesto que la realidad de muchas madres y familias completas de todo el país, se centra en la búsqueda y localización de sus seres queridos, madres que tocan todas las puertas con el objetivo de encontrar apoyo de las autoridades; mujeres y hombres que exigen respuestas, en donde no importa si vivos o muertos a sus hijos puedan ver y tocar por última vez.

Hablo de las “madres buscadoras o rastreadoras”, quienes este miércoles 10 de mayo, en un acto de solidaridad hacia ellas y de exigencia, se manifestaron, se unieron una vez más, para alzar la voz con toda la razón del mundo, pues, ellas viven con la incertidumbre de no saber el paradero de sus hijas e hijos desaparecidos, madres que saben y expresan que este día, más que otro, es de lucha, protesta, y rabia. Su presencia en el Ángel de la Independencia, duele y hace reflexionar a muchos, sólo son visibles de esta manera y no existe motivo para no ser empáticos; nos libre el de arriba de vivir así, como muertos en vida y con un anhelo por cumplir.

Y así la realidad de muchas madres mexicanas en 10 de mayo, fecha en que no hay nada que festejar, día que se sufre y se marchitan rosas, donde en vez de mañanitas hay una oración, y sólo queda salir a buscar, con los pies cansados y la ropa sucia por haber indagado en varias polvaredas, la vista nublada y las tripas amarradas que ya no sienten hambre, con el sol como testigo el cual les ha quemado la frente, pero con la fe intacta, porque no admitirán jamás sin respuesta el hecho de una desaparición.

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