¿Por qué las víctimas de feminicidio estamos enojadas?

Carmen Díaz*

Imagina toda la escena: una mujer que conoces está desaparecida y con todo lo que has escuchado y visto en los medios entras en pánico porque, claro, tu mamá, tu hermana, tu amiga, tu cuñada o tu hija NO SE IRÍA CON EL NOVIO, ¿verdad? Los procesos de denuncia culpabilizan a la víctima de forma inmediata pero eso no es todo. Cuando llegas a denunciar te hacen preguntas que jamás en la vida pensaste que debías saber, por ejemplo:¿Cómo iba vestida? ¿Era playera, blusa o camisa? ¿De qué color era? ¿Jeans o pantalón de vestir? ¿Traía suéter, chamarra, qué marca? ¿De casualidad sabes el color de su ropa interior? Es importante ¿Cómo estaba peinada? ¿Quién fue la última persona que la vio? ¿Hay algún motivo por el cual ella quisiera escapar? ¿Ha tenido problemas en el trabajo o la escuela? ¿Con qué personas se junta en el gimnasio o a quién frecuenta cuando está triste? ¿Estatura y peso exacto o aproximado? ¿Sabes de marcas en el cuerpo? ¿Lunares, tatuajes?¿Consumía alcohol? ¿Consideras que estaba inestable emocionalmente? ¿Por qué no sabes todo esto? ¿Te llevas mal con la posible desaparecida? Te notifico que a partir de aquí, tu víctima ya no tiene nombre, te conviertes y se convierte en eso: en tú víctima.Si tienes suerte, la denuncia es ingresada y comienza la búsqueda. Bueno, te dicen que vayas a tu casa y que te quedes ahí. -Si hay alguna noticia, nosotros le avisamos-. ¿Cuánto tiempo crees que debes esperar? ¿Puedes anunciar en Facebook o pegar letreros en la calle? No tienes ni idea de lo que está pasando, algo en tu corazón te dice que todo está mal y la vida se te cae a pedazos. Pero por otro lado, de verdad esperas que “se haya ido con el novio”, no importaría nada en este momento, porque lo único que te pasa por la cabeza es que ella DEBE estar bien, porque créeme aquí empieza la locura. También es posible que ya esté muerta, violada o que la estén torturando. Tú debes decidir qué pensar, pero «no pensar en nada» no es una opción.

La encuentran (puede pasar un mes o varios años). Una característica del feminicidio es la brutalidad del asesinato. Para este momento ya tuviste que buscar a todas las mujeres que una vez viste que en facebook pusieron que eran feministas. Sí, a esas que van a las marchas y rayan monumentos porque aunque no lo creas, para este momento ya se te acabaron lxs amigxs, nadie soporta estar con una víctima. Los abogados son muy caros y aprender derecho penal no es sencillo cuando eres víctima y tienes que trabajar, tienes que cuidar a tus hijxs y a lxs hijxs de tu víctima. Comenzaste de institución en institución buscando ayuda. Alguien debería saber qué se hace en estos casos. Ya fuiste a derechos humanos, fiscalías, oficinas, oficialías… y un día te dicen que está muerta y que debes reconocer el cadáver ¿Valió la pena?

No se acaba, te entregan a tu víctima después de tanto tiempo. Irreconocible. Te dicen que debes seguir el juicio para que encuentren al culpable o de plano ya dejar todo así porque la verdad las investigaciones no van bien, es decir, no saben quién la mató y no saben si te puede matar a ti. La verdadera verdad es que saben que fue él, y tú sabes que fue él porque lo conoces, porque te han hecho tantas preguntas que ya recordaste todo, la violencia y el miedo, te sientes tan culpable por no haberte dado cuenta, por no haberlo evitado, tan culpable que decides continuar con el proceso. En este momento ya eres la que publica cosas feministas, ya te reconocen otras víctimas y te comienzan a preguntar sobre sus procesos porque “ya tienes experiencia”. No sabes si contestas y actúas por inercia o por verdadera expertise. Si tuviste suerte lo detienen y lo encarcelan. Por fin la luz al final del túnel, por fin podrás tener a lxs hijxs de tu víctima, aunque claro, deberás iniciar otro proceso en derecho civil porque él a pesar de matar a tu víctima, tiene derechos, pero el juicio penal no ha terminado. Resulta que ahora continúa el proceso en otras instancias, ya no vas a la CNDH, ahora vas al reclusorio, ya no vas con abogados, vas con asociaciones civiles, ya no vas al MP, ahora vas a los juzgados, es lo mismo, pero no ¿me entiendes? Te enteras de que el asesino ha contratado abogados y resulta que la CNDH los está apoyando porque aseguran la violación del debido proceso, y tú sabes que sí se violó el debido proceso (ya aprendiste derecho penal), pero también sabes que él violó y mató a tu víctima, la libertad del asesino está en la mira y ¡EMPIEZA LA FURIA!

La verdad el proceso es como un laberinto, empiezas a correr y no se acaba, nunca se acaba, te desesperas. ¿Cuándo va a terminar? Destinas al menos 3 días de la semana al proceso, ya es parte de tu rutina. Muchas víctimas son despedidas de sus trabajos, muchas otras no pueden continuar el proceso por falta de tiempo y sobre todo, de dinero. En esta parte ya no existe el miedo y comienzan los problemas. Han pasado 5 años y ya no eres esa víctima asustada ante la imponente juez federal, ya conoces tus derechos, ya no te intimidas por no entender terminología jurídica y ya no te asustan las amenazas de que si haces algo mal «tu caso se cae». Dije que comenzaban los problemas porque la desesperación ya es rabia. Tienes que pelear incluso cara a cara con quien mató a tu víctima. Tienes que pelear con otras víctimas la atención de los medios, de los abogados, de los jueces y hasta de las asociaciones civiles. Tienes que pelear para ser vista, porque ya te convertiste en un caso más. Tienes que hacer hasta lo imposible porque el asesino se quede encerrado. Hoy ya sabes lo que te corresponde por ley, ya te mueves como «pez en el agua», ya te saludas con las secretarias de los juzgados y cuando te ven te dicen «qué tal, ¿cómo va su caso?» ya no eres víctima, ya eres un número de expediente.

La rabia únicamente se desvanece cuando hay oportunidades para sanar, cuando obtienes lo que han mal llamado justicia. Lo único que resta es gritar ¡Hoy no estás sola! ¡Hermana, aquí está tu manada! Nos sembraron miedo pero nos crecieron alas.

*Carmen es politóloga, feminista y activista.

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