
@ndi_chito
¿Y tú, en cuántos idiomas puedes soñar? Natalia, Hortensia, Cecilia y Flor, en dos: español y mazateco, su lengua madre.
Quienes sólo dominamos un idioma ni siquiera lo imaginamos: ir a la cama, cerrar los ojos y, dependiendo de la situación que tengamos que enfrentar en nuestros sueños, dónde nos encontremos o con quién interactuemos en ellos, es que podremos entender el mundo desde dos idiomas tan diferentes.
Por ejemplo, cuenta Natalia, cuando se trata de hablar con su esposo o su padre fallecidos, sin duda lo hará en mazateco, la lengua con que nacieron, crecieron y dijeron sus últimas palabras en este plano terrenal. En cambio, cuando Natalia encuentra a sus hijos en sus sueños, les habla en español, la lengua que ellos dominan y ella tuvo que aprender, para habitar una ciudad donde entre la prisa, lo ‘útil’ y la ‘modernidad’, las raíces se ahogan si no se defienden a toda costa.
Hablar una lengua indígena nunca será igual que hablar inglés, español o francés, pues el mundo no está construido de la misma forma. Por ejemplo, mientras en español podemos decirle a alguien «mi amor», en mazateco (o enna, como se nombra la lengua a sí misma), podemos usar ndi’taon, una palabra con un significado literal similar a «mi pequeño tesoro», pero que expresa un profundo amor por el otro.
Visto desde estos ojos, es reveladora la forma en que se configura el mundo místico de los sueños, pero más revelador es aún todo lo que un lenguaje implica, porque hay palabras que jamás podrán traducirse, como un sabor específico, una palabra de amor, o incluso, una forma de explicar el dolor y la felicidad.
Recientemente, el 21 de febrero, se conmemoró el Día Internacional de la Lengua Materna y el objetivo es recordar la importancia de abrazar las lenguas de nuestras ancestras y ancestros, aprenderlas y compartirlas, pues de otro modo están condenadas a morir. Y es tristísimo, pues la misma Organización de las Naciones Unidas ha advertido que, en el mundo cada dos semanas desaparece una lengua, llevándose consigo todo un universo para existir.
Ojalá que un día los hijos de Natalia –de todas las Natalias–, también puedan acostarse, cerrar los ojos y soñar en el idioma de los suyos, que es su raíz y claro, su madre lengua.
Deja un comentario